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Archive for the ‘Literaria’ Category

Resolución de ser feliz
por encima de todo, contra todos
y contra mí, de nuevo
-por encima de todo, ser feliz-
vuelvo a tomar esa resolución.

Pero más que el propósito de enmienda
dura el dolor del corazón. (Jaime Gil de Biedma)

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Era en Numancia, al tiempo que declina
la tarde del agosto augusto y lento,
Numancia del silencio y de la ruina,
alma de libertad, trono del viento.

La luz se hacía por momentos mina
de transparencia y desvanecimiento,
diafanidad de ausencia vespertina,
esperanza, esperanza del portento.

Súbito ¿dónde? un pájaro sin lira,
sin rama, sin atril, canta, delira,
flota en la cima de su fiebre aguda.

Vivo latir de Dios nos goteaba,
risa y charla de Dios, libre y desnuda.
Y el pájaro, sabiéndolo, cantaba…

(Gerardo Diego: Revelación)

Era en Numancia, al tiempo que declina/ la tarde del agosto augusto y lento,

Fotografía

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OTOÑO…

y bendecir las viñas que corren por las bardas

y bendecir las viñas que corren por las bardas

Oda al otoño

J. KEATS

Estación de las nieblas y fecundas sazones,
colaboradora íntima de un sol que ya madura,
conspirando con él cómo llenar de fruto
y bendecir las viñas que corren por las bardas,
encorvar con manzanas los árboles del huerto
y colmar todo fruto de madurez profunda;
la calabaza hinchas y engordas avellanas
con un dulce interior; haces brotar tardías
y numerosas flores hasta que las abejas

los días calurosos creen interminables
pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?
Quienquiera que te busque ha de encontrarte
sentada con descuido en un granero
aventado el cabello dulcemente,
o en surco no segado sumida en hondo sueño
aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta
la próxima gavilla de entrelazadas flores;
o te mantienes firme como una espigadora
cargada la cabeza al cruzar un arroyo,
o al lado de un lagar con paciente mirada
ves rezumar la última sidra hora tras hora.

¿En dónde con sus cantos está la primavera?
No pienses más en ellos sino en tu propia música.
Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo
y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,
cual lastimero coro los mosquitos se quejan
en los sauces del río, alzados, descendiendo
conforme el leve viento se reaviva o muere;
y los corderos balan allá por las colinas,
los grillos en el seto cantan, y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta
y trinan por los cielos bandos de golondrinas.

    (Versión de Màrie Montand)

AL OTOÑO de J. KEATS

MÁS FOTOS SOBRE EL OTOÑO

(Quintana del Pidio, sábado, 29, de octubre)

 FOTOS DE JACOBO SANJURJO B.


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Ahora que finalizan las vendimias quiero insertar un post de un blog amigo (Las letras y las cosas)

No quisiera que se entendiera esta entrada como una alabanza del alcoholismo; pero no puede negarse que a lo largo de la historia el tema del vino ha sido una referencia recurrente que con diversos tonos ha cantado las virtudes del néctar de los dioses. En estos tiempos de lo políticamente correcto parece fuera de lugar recordar que el vino ha sido visto como un refugio, sin duda peligroso, donde el ser humano busca protección ante las agresiones de la fortuna.

Ya en el Libro de los Salmos chocamos con una de las primeras referencias. El vino es don divino que hace sonreír:

Haces brotar la hierba para el ganado
y las plantas que el hombre cultiva,
para sacar de la tierra el pan
y el vino que alegra el corazón del hombre,
para que él haga brillar su rostro con el aceite
y el pan reconforte su corazón.

El viejo y siempre interesante Anacreonte es mucho más explícito en lo referente a su relación con la bebida:

Habiendo vino no hay penas:
siempre que a mis anchas bebo.
Imagínome que soy
más rico y feliz que Craso.
Corono entonces mis sienes
de verde hiedra, y me creo
orgulloso de mí mismo,
el señor de un vasto imperio.
En tanto que se arman otros
para la guerra, yo bebo,
que es preferible, a mi ver,
caer borracho que muerto.

(Traducción de Vicente Colorado)

Frente a la amenaza del otro y de la codicia, un vaso de buen vino. Así el ser humano puede olvidar su triste condición, como nos dice el estudiante medieval que compuso el poema que figura en el Carmina Burana:

La actitud de Anacreonte y de los goliardos es similar a la que muestra Luis de Góngora algunos siglos después:

Ande yo caliente,
y ríase la gente.

Traten otros del gobierno
del mundo y sus monarquías,
mientras gobiernan mis días
mantequillas y pan tierno,
y las mañana de invierno
naranjada y aguardiente,

y ríase la gente.

Todos estos poemas están teñidos de ironía y sentido del humor; nos hablan del derecho del individuo a ser feliz y del derecho a renunciar a aquello que otros consideran positivo por sí mismo. El vino es símbolo en estos textos de la aspiración del individuo a encontrar la auténtica felicidad.

 

A finales del pasado siglo XX, sin embargo, podemos encontrar ejemplos de un punto de vista bien diferente. El norteamericano Charle Bukowski también aprovecha el motivo de la bebida para expresar su visión del mundo. En él, no obstante, no hay ya visión humorística, sino una sombra de amargura que le lleva a afirmar que el alcohol es la única salida. No nos encontramos ante el sonriente bebedor feliz, sino ante el alcohólico amargado. El vino no es una opción, sino la única opción. Los tiempos cambian, qué duda cabe.

No hay nada que
discutir
no hay nada que
recordar
no hay nada que
olvidar
es triste
y
no es
triste
parece que la
cosa más
sensata
que una persona puede
hacer
es
estar sentada
con una copa en la
mano.

(Traducción de Rafael Díaz Borbón)

El bebedor clásico cae bien, es simpático y divertido. A veces, hasta se convierte en el alma de la fiesta y nadie percibe el oscuro río de amargura que le lleva a empuñar la copa una y otra vez, como si de un arma de asalto se tratase. El alcohólico contemporáneo es triste y molesto, silencioso, solitario. Contemplarlo nos hace sentir culpables, porque en su fracaso, quizás, veamos reflejado el desconcierto de un mundo que entre todos hemos construido. (by Glez.-Serna)

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Ya antes de que Jasón encargara a Argos la construcción de la nave en la que los argonautas se echaran a la mar todos los marineros que han surcado los mares han viajado recordando a  “Medea”. Ulises parte de su patria con el recuerdo de Penélope. Jasón y Odiseo anhelan regresar a la casa donde les espera la mujer amada. Siempre la idea del regreso. El viaje es la libertad, pero durante el viaje brota la nostalgia, o la melancolía, del regreso en todo viajero.

Caminando por las playas de Furadouro las olas arrojan a tus pies conchas decoradas, conchas talladas, conchas con mensajes difíciles de descifrar.

Los navegantes y marineros portugueses que hace más de quinientos años se embarcaron hacia rutas desconocidas, ante la incertidumbre del destino y, aún más, del regreso, pasaban las horas dentro de las jábegas o jabeques grabando mensajes en pequeñas conchas que después arrojaban al mar para que las devolviera a sus playas. Se lo habían prometido a quien los esperaba cada tarde marcando las huellas de sus pies en las arenas húmedas de la playa. Los marineros sabían que más allá del Cabo Bojador, no muy al sur de Marruecos, se extendía el Mar Tenebroso donde enormes peligros esperaban a quien se atreviese a superarlo. Aún hoy, paseando por las playas de Furadouro, la mar continúa enviando estos mensajes. Cada una de las conchas que el mar arroja a las arenas de la playa es un mensaje secreto. Cada una de las jóvenes, que cada tarde recorría las arenas de las playas hace cinco siglos, sabía escoger, cuando rompen las olas, entre todas las conchas mensajeras aquella que era la suya. Unas son conchas grabadas, otras devuelven mensajes ocultos. Son conchas que las olas depositan a tus pies, aún hoy, después de quinientos años.

pasaban las horas dentro de las jábegas o jabeques grabando mensajes...

pasaban las horas dentro de las jábegas o jabeques grabando mensajes...

Estos aventureros se enfrentaban a vientos casi siempre contrarios, se adentraban en un mar que según las leyendas era imposible la vida, pero desde la jábega con ambas manos en el remo y ambos ojos en la tierra, soñaban con la tarde del regreso a Foradouro, mientras el viento cálido de las noches de julio susurraba al oído de cada marinero:

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

“Duas Lágrimas De Orvalho”

Duas lágrimas de orvalho
Caíram nas minhas mãos
Quando eu te afaguei o rosto
Pobre de mim, pouco valho
Pra te acudir na desgraça,
Pra te valer no desgosto
Por que choras, não me dizes
Não é presciso dizê-lo
Não dizes, eu advinho
Os amantes infelizes
Deveriam ter coragem
Para mudar de caminho
Por amor damos alma,
Damos corpo, damos tudo
Até cansarmos na jornada
Mas quando a vida se acaba
O que era amor, é saudade
E a vida já não é nada
Se estás a tempo, recua
Amordaça o coração
Mata o passado e sorri
Mas se não estás, continua
Disse isto minha mãe
Ao ver-me chorar por ti  (Mariza)

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Cuanto de profundo y misterioso he buscado a lo largo de mi vida estaba, sin que yo lo supiera, en esta casa rescatada del olvido, en estos senderos que ahora recorro, en estos montes a los que asciendo, en estas ruinas que ahora escruto. Intentado vivir cuanto viví en la infancia, ahora cierro un círculo. Pero, en realidad, se abre otro que tiene su centro en este valle y sus bordes en todos los sitios. Viviendo cuanto viví se me abre un tiempo infinito, precisamente ahora, cuando el tiempo tiende a acabarse. (Antonio Colinas, Tres tratados de armonía).

La casa de los veranos de oro

Debo escribirte para no perderte
pequeña casa de la infancia de los veranos de oro,
en la que lo más negro de ti siempre será
para mí lo más blanco:
el muro del corral de piedras negras,
el suelo de éste, con el manto oscuro,
crujiente de las hojas de la encina
y el horno con su fuego y sus cenizas,
pero siempre al amparo del hollín de su cúpula.

O aquel otro negror de la amplia campana,
la de la chimenea, por la que ascendían
el humo y el calor de nuestra sangre.
Te imagino negra, negra como las losas
que arrastraron nuestros antepasados
desde las ruinas de los castros celtas,
para fundar el lar
donde se adormecían las llamas de las jaras.

Y la escalera que ascendía brusca
al cuarto en penumbra, en el que se guardaban
en secreto mis sueños:
una espada, una lira, una lechuza.
Hasta la cuna azul en que dormí
—la cuna más humilde,
la que tallaron con ternura y calma
las manos de un herrero—
hoy me parece negra.

La casa, negra y mansa como eran las noches
en los estíos de la Vía Láctea;
Negra como más tarde
(tras infancia feliz)
suelen serlo la vida de los hombres
negra como lo es el corazón
que siente y que sueña mucho más
de cuanto debe y puede.

Pequeña casa de la infancia pura,
refugio de los veranos de oro,
hoy eres negra y mansa en mi memoria,
negra y hermosa como el firmamento
pues en ti parecía estallar
la luz de cada estrella.
Eres negra y profunda como tiempo sin fin.

Y sin embargo, como la noche,
también eras finita, presagiabas el alba,
la luz primera, pálida y suave
que siempre hubo y habrá en mí
mientras aún tiemble
cual pabilo de vela
mi vida.

(Antonio Colinas: Tiempo y abismo)

REGRESARÉ A LA CASA
Regresaré a la casa,
la casa de mi padre,
abriré la ventana
y que la limpie el aire.

Que limpie la esperanza,
que arrastre los recuerdos,
y arranque de los muros
los retratos ya muertos.

Que azote las arañas,
las ratas campesinas
que invaden los rincones
donde murió la vida

Regresaré a la casa…

Renovaré los suelos,
el techo y los tejados
y el muro que soporta
los cierzos más airados.

Blanquearé el silencio,
el patio y la cadiera,
y el rincón, donde los niños,
crecimos hacia fuera.

Regresaré a la casa…

Y cuando respirables
resulten las alcobas,
traeré a mis compañeros
para iniciar la obra

de levantar un árbol
delante de la puerta,
que dé cobijo al aire
y al hombre le dé sombra.

Regresaré a la casa,
la casa de mi padre,
abriré las ventanas
y que la limpie el aire.

José Antonio Labordeta – Regresaré a la casa

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EL RÍO DE MI PUEBLO

EL TAJO es más bello que el río que corre por mi pueblo

Pero el Tajo no es más bello que el río que corre por mi pueblo

Porque el Tajo no es el río que corre por mi pueblo.

El Tajo tiene grandes barcos

Y navega en él todavía,

Para aquellos que ven en todo lo que allá no está,

La memoria de las naves.

El Tajo desciende de España

Y el Tajo entra en el mar en Portugal.

Eso todos lo sabemos.

Pero pocos saben cuál es el río de mi pueblo

Y hacia adonde va

Y de dónde viene.

Y por eso, porque pertenece a menos gente,

Es más libre y más ancho el río de mi pueblo.

Por el Tajo se va al Mundo.

Más allá del Tajo está América

Y la fortuna para los que la encuentran.

Nadie pensó nunca en lo que hay más allá

Del río de mi pueblo.

El río de mi pueblo no hace pensar en nada.

Quien está a su orilla sólo está a su orilla.

 (FERNANDO PESSOA. Alberto Caeiro, El guardador de rebaños)

Pero pocos saben cuál es el río de mi pueblo

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