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EL PETIRROJO

… y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta (J. Keats)

Con el mes de enero, desafiando a la nieve y al hielo, los petirrojos han regresado al jardín para poner una nota de vida y de color. Recorren y sobrevuelan todo el jardín. Picotean y escarban entre las hojas secas. Vuelan y se posan, alejados de cualquier miedo, sobre el alfeizar de la ventana de la cocina o entre las ramas yertas de los árboles más próximos a la casa, no sienten temor a tu presencia, al contrario, se acercan hacia ti y juguetean con sus vuelos cortos y ondulantes.

Es un año más en las constantes cíclicas de la naturaleza y de la vida. Antonio Colinas lo expresa muy bien en su “Tratado de armonía”

Un año más el petirrojo salta en la terraza, ha vuelto para picotear en los troncos cortados, muertos. Un año más, las eternas constantes transparentemente expuestas: la viva belleza y la muerte, el tiempo que pasa sin parecer que pasa, la monotonía de los ciclos estacionales. Con el comienzo del año llegan los narcisos como primer símbolo de ese eterno retorno. Luego, aparece el petirrojo. No mucho tiempo después, el almendro se lleva, con su fugitivo fulgor, a los narcisos y al petirrojo.

En efecto, los nazarenos y los narcisos, que ya han comenzado a brotar, los petirrojos, nos brindan su visión sobre la Belleza y la Realidad cuando aún no hemos salido del invierno y, con ellos, descubrimos, un año más, la quiebra de las ilusiones. La gracia y la belleza del petirrojo esconden ese otro fondo doloroso y trágico sobre la transitoriedad de la vida que se diluye y esconde entre el velo amable de la naturaleza, aunque, a veces, veamos en ella el medio que mejor expresa y refleja nuestros sentimientos más profundos y el modo de escapar de todo lo temporal.

Como en las odas de Keats el camino de la Belleza es el mismo que el de la Muerte

 

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Inicio una nueva categoría en este blog que he dado en llamar “armonía”. No sé si es el nombre más adecuado y preciso. Tampoco tengo muy claro cómo adecuar lo que escriba en esta categoría dentro del blog, pero hoy me nace esta idea a raíz de ciertos acontecimientos. Uno, la lectura de Tres tratados de armonía (Antonio Colinas), y otros que recordar no quiero. La vida diaria, la observación y contemplación de lo cotidiano, la realidad de la naturaleza vivida, entremezclados con una reflexión lírica, creo que me han llevado a esta meditación sobre la armonía deseada. También es cierto que la lectura del libro de A. Colinas, poeta “fiel siempre a sustanciales corrientes de pensamiento, y a contracorriente de los valores dominantes o impuestos de nuestro tiempo” me ha resultado muy cercano.

“Me llueven los problemas de todas partes. ¿Qué hacer? Me he puesto a serrar leña y más leña en el bosque. ¿Qué sería de mi vida, en esta mañana, sin la sierra  y el bosque?” (Antonio Colinas, Tres tratados de armonía, pág.: 22).

Desde mediados de enero, como en años anteriores, siguiendo el curso de la naturaleza, vengo observando el regreso de los petirrojos. Son pájaros muy familiares. Si dejas una puerta o ventana abiertas acceden a la casa con toda la familiaridad. Una vez en la vivienda, creo que la luz exterior les deslumbra, se golpean contra los cristales en un afán desesperado por recuperar la luz y el verdor natural del exterior.

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