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Archive for the ‘Aves’ Category

Retomamos la sección con una nueva colaboración de Javier Vitores. Javier, en esta ocasión, me envía una preciosa ficha sobre el ZAMPULLÍN CHICO (Tachybaptus ruficollis). Reproduzco el texto, pero os aconsejo visitar el siguiente enlace para disfrutar con las fotos y la ficha sobre el zampullín, “una de las aves acuáticas más comunes que podemos ver en nuestros humedales”

ZAMPULLÍN CHICO (Tachybaptus ruficollis)

  • Ident. 26 cm. Redondeado, como sin cola. Es el somormujo más pequeño. Parece un patito de juguete. En verano marrón oscuro por encima, más pálido por debajo. Pecho, garganta y mejillas castaño rojizas. Mancha pálida en la cara. En invierno más pálido. Joven rayas blancas que cruzan la cara. Vuelo recto y raso sobre el agua. Se esconde más que otros somormujos. Ave muy especializada y buceadora consumada. Silencioso en invierno.
  • Comportamiento. Tímido. Se sumerge (15-20 segundos) dando un pequeño salto. Bucea para obtener alimento, invertebrados y pequeños peces. Tiende a mezclarse con otras especies. Nidifica en nido flotante de hierbas ancladas a tallos.
  • Hábitat. Frecuenta y cría en charcas y balsas de riego, pantanos con vegetación de eneas o carrizos y remansos.
  • Aves parecidas. Polla de agua y zampullín cuellinegro (raro).
  • Curiosidades. Cortejo. Persecuciones y cantos “cara a cara”, entrega de hierbas.
  • Amenazas. Pérdida de calidad de los humedales. Relleno de graveras, vertidos, drenajes, eutrofización, quemas de vegetación.

En la Ribera del Duero

Residente, nidificante, invernante común. Pesente todo el año, con aporte de aves europeas más norteñas en invierno. Presente y cría en charcas de Villalba de Duero, Berlangas de Roa, pantano de Linares, Tórtoles de Esgueva, embalse de Encinas de Esgueva, charcas de Cantalejo, etc. (JAVIER VITORES)

ACCEDE A LA FICHA COMPLETA

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EL PETIRROJO

… y el petirrojo
con dulce voz de tiple silba en alguna huerta (J. Keats)

Con el mes de enero, desafiando a la nieve y al hielo, los petirrojos han regresado al jardín para poner una nota de vida y de color. Recorren y sobrevuelan todo el jardín. Picotean y escarban entre las hojas secas. Vuelan y se posan, alejados de cualquier miedo, sobre el alfeizar de la ventana de la cocina o entre las ramas yertas de los árboles más próximos a la casa, no sienten temor a tu presencia, al contrario, se acercan hacia ti y juguetean con sus vuelos cortos y ondulantes.

Es un año más en las constantes cíclicas de la naturaleza y de la vida. Antonio Colinas lo expresa muy bien en su “Tratado de armonía”

Un año más el petirrojo salta en la terraza, ha vuelto para picotear en los troncos cortados, muertos. Un año más, las eternas constantes transparentemente expuestas: la viva belleza y la muerte, el tiempo que pasa sin parecer que pasa, la monotonía de los ciclos estacionales. Con el comienzo del año llegan los narcisos como primer símbolo de ese eterno retorno. Luego, aparece el petirrojo. No mucho tiempo después, el almendro se lleva, con su fugitivo fulgor, a los narcisos y al petirrojo.

En efecto, los nazarenos y los narcisos, que ya han comenzado a brotar, los petirrojos, nos brindan su visión sobre la Belleza y la Realidad cuando aún no hemos salido del invierno y, con ellos, descubrimos, un año más, la quiebra de las ilusiones. La gracia y la belleza del petirrojo esconden ese otro fondo doloroso y trágico sobre la transitoriedad de la vida que se diluye y esconde entre el velo amable de la naturaleza, aunque, a veces, veamos en ella el medio que mejor expresa y refleja nuestros sentimientos más profundos y el modo de escapar de todo lo temporal.

Como en las odas de Keats el camino de la Belleza es el mismo que el de la Muerte

 

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Me llega una nueva entrega de Javier Vitores, su texto y, sobre todo, sus fotografías son una delicia para los amantes de la naturaleza.

Estamos en lo mejor del año para disfrutar del medio ambiente. Es un decir…, para mí todo el año tiene sus particularidades y es fácil encontrar esas pequeñas cosas que hacen que valga la pena salir al campo sin importar la fecha del calendario. Ahora los días son largos, tendremos que madrugar un poco para que no nos pille el calor y que todo bicho viviente se quede parado, impidiéndonos así su observación. Es época de eclosión de insectos. Y de ellos se alimentan casi todos los pájaros, incluso los granívoros se dedican a conseguir proteínas para sus crías. No hay más que fijarse en algún aparcamiento de coches para ver como los gorriones comunes revisan todo el frente del automóvil en busca de insectos pegados al chasis que pronto irán a las gargantas de los pollos. Es fundamental en esta época de crecimiento el aporte de insectos.

En esta miscelánea de fotografías, no puede faltar el buitre leonado. Los padres recorren en vuelo los antaño muladares, hoy granjas (generalmente de cerdos) para llevar en el buche el alimento que regurgitarán para alimentar a su pollo. Pronto empezarán a salir de los nidos y se tendrán que ir buscando la vida. Los dos primeros años, es fácil que divaguen por el planeta. Muchos cruzan el estrecho de Gibraltar para bajar al centro de África. Quizás, al cabo de un tiempo vengan a sus farallones castellanos a criar. Cada vez más a menudo se apuntan a este viaje especies de buitres africanos que, quizás, con el tiempo lleguen a quedarse por aquí. Los ratoneros comunes también hacen de lo suyo… Como sabéis por la cloaca desechan todo en una única defecación.

Buitre leonado (Foto: Javier Vitores)

Ratonero común (Foto: Javier Vitores)

Los picapinos, tan comunes en choperas, son unas de las aves más bonitas y fácil de distinguir. Sus colores rojos y negros (pico picapinos), o bien verdes (pito real) incluso pardos (torcecuello), son una maravilla para la vista, aunque normalmente se les oye más que se les ve. Hay que mirar bastante arriba de los árboles para poder observarles. El esquivo torcecuello es una especie de picapinos poco conocido pero bastante común en nuestra zona. También se le oye más que se le ve. Se pega a los troncos mimetizándose, evitando cualquier movimiento cuando pasamos cerca de él. Este ave es el único picapinos que viene de África y allí se va pasado el verano.

Los picapinos, tan comunes en choperas... (Foto: Javier Vitores)

Sus colores verdes... (pito real) (Foto: Javier Vitores)

Torcecuello (Foto: Javier Vitores)

Las perdices están con sus perdigones recorriendo nuestros campos. Toda esta gran prole servirá de alimento a multitud de depredadores, mamíferos, aves, cazadores… La perdiz que tenemos en nuestra tierra es la perdiz roja, común en Castilla, pero no tanto en el resto de Europa. La perdiz pardilla ocupa zonas más norteñas y montañosas. Hay que ir a la Sierra de la Demanda para verla.

Las perdices están con sus perdigones... (Foto: Javier Vitores)

La perdiz pardilla (Foto: Javier Vitores)

Qué decir de los córvidos: el arrendajo común, bastante raro por nuestra Ribera, aunque asiduo de algunos encinares de La Ventosilla. Los rabilargos son gremiales. Toda familia, primos y tíos, ayudan a que salgan sus numerosas polladas. De ahí que sean tan abundantes. Esta es una especie en expansión que hace veinte años no era tan común por aquí. Ahora cada vez ocupa zonas más al norte. Curiosamente este ave sólo se ve en España y Portugal y en zonas de Asia. Se creía que pudo quedarse aislado en la península en épocas glaciares. También hay teorías que dicen que lo trajeron los portugueses de sus colonias de Asia. Los análisis de ADN las consideran especies muy alejadas, aunque su parecido sea grande. Otros córvidos como la chova piquirroja hay que buscarlas en zonas de altos cortados. Su pico rojo (los jóvenes amarillo) y sus chillidos son inconfundibles. Aquí también se ve en el Castillo de Peñaranda de Duero, la Yecla, Montejo de la Vega, etc. La urraca, siendo una especie común, sus tonos tornasolados, silueta, vuelo, atrevimiento, etc., la hace una especie especial muy pegada al ser humano. Por desgracia las arma parda entre los nidos de pajarillos, depredándolos. Pero ella también tiene que alimentar a su prole. La naturaleza y la evolución de cada especie es lo que tiene…

El arrendajo común, bastante raro por nuestra Ribera, aunque asiduo de algunos encinares de La Ventosilla. (Foto: Javier Vitores)

Otros córvidos como la chova piquirroja hay que buscarlas en zonas de altos cortados (Foto: Javier Vitores)

Y va pasando el verano, ya se empiezan a caer los pájaros de los nidos, algunos en un intento de emanciparse antes de tiempo y otros, volantones, nos miran con curiosidad al toparse con el rostro humano.

Es época de sacar adelante a las crías y pronto. Muchos tienen que crecer rápido para dejarnos en el ya casi cercano agosto; pero también quedan muchas aves en proyecto esperando ese estadío en forma de huevo, segundas puestas, etc., es tiempo de consolidar la especie.

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En esta tarde de mediados de abril una pareja de palomas torcaces zurean desde la copa del chopo más frondoso del jardín. Desde hace días que acompañan la tranquilidad y el paso de las horas con sus querellas amorosas.

En las historias árabes se cuenta que el poeta Aben-Celin, de paso por el valle de Walamira, en las tierras del Duero, oyó el canto de la torcaz e, inspirado en él, compuso unos célebres versos titulados “Llanto de la paloma” que los árabes solían cantar a la luz de la luna.

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Javier Vitores acude puntualmente con su colaboración para este blog. En esta ocasión nos trasmite sus certeras apreciaciones fruto de la observación minuciosa y paciente de la naturaleza en el inicio de esta primavera.

Ya estamos en primavera. Para ver pájaros es una de las mejores épocas ya que todavía los árboles no tienen hojas y son más visibles, suelen estar en celo y se muestran en todo su esplendor, tanto de colorido como en sus cantos.
Esta es la estación que más especies diferentes de aves podemos ver ya que aún están parte de las aves que han venido a pasar el invierno (generalmente procedentes del norte de Europa) y las aves que vienen a criar o simplemente atraviesan estas tierras para descansar y alimentarse en su volar hacia el norte. Estas aves suelen venir de África.

Aparte de la cigüeña blanca (Ciconia ciconia) que tan solo desaparece de estas tierras entre agosto y octubre, una de las primeras aves que nos llegan anticipando la primavera son las golondrinas (Hirundo rustica) que suelen venir las primeras a principios de marzo. A mediados de mes las vemos más a menudo por todos los lados.

Golondrinas (Hirundo rustica) (Foto de Javier Vitores)


Posteriormente a las golondrinas, y muy parecidas a éstas, vendrá el avión común
(Delichon urbica) que hará o arreglara sus nidos de barro colgados de los aleros de los tejados.

Avión común (Delichon urbica) Foto: Javier Vitores

Menos urbano es el avión zapador (Riparia riparia) que excava sus nidos en los taludes arenosos formando colonias bastante numerosas.

Avión zapador (Riparia riparia) Foto: Javier Vitores

Habrá que esperar a primeros de mayo para que venga otro gran conocido, el vencejo común (Apus apus). Curiosa ave, su nombre científico significa que no tiene pies. Quizás el nombre quiera indicar su poca querencia por posarse, ya que duermen, copulan y se alimentan en el aire…, al menos eso dicen los libros…, duermen en el aire haciendo una gran elipse, ¡a mí me cuesta imaginarlo! El vencejo común está sólo entre primeros de mayo y mediados de agosto. En este tiempo le da tiempo a criar, generalmente bajo las tejas o grietas de los edificios.

Vencejo común (Apus apus) Foto: Javier Vitores

Otras aves que ya o pronto estarán aquí son el cuco (Cuculus canorus), que pronto se dejará oír en el Gromejón y la curruca capirotada (Sylvia atricapilla) ave, como indica el nombre, con la cabeza parcialmente negra el macho y marrón la hembra. Tiene un canto potente y muy bonito. Las aves no pierden el tiempo. En breve entrarán en celo, pondrán huevos y empezarán a criar aprovechando la gran cantidad de alimento que tienen al eclosionar las larvas de insectos y tener comida en abundancia.

Cuco (Cuculus canorus) Foto: Javier Vitores

Curruca capirotada (Sylvia atricapilla) Foto: Javier Vitores

Como las diferentes especies no vienen todas a la vez, tendremos una gran cantidad de trinos que oír esta larga primavera. Si nos acompañamos de unos pequeños prismáticos y una guía de campo básica encontraremos todo un universo de más de 200 especies diferentes de aves que ver a lo largo del año por estos parajes de la Ribera del Duero. (Javier Vitores)

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Los gritos de las grullas

Ayer, último día de febrero, escuché al atardecer los gritos de una bandada de grullas. Entre finales de febrero y primeros de marzo, las grullas inician el regreso a sus zonas de reproducción del Norte de Europa, siguiendo la misma ruta y paradas que durante el viaje en que llegaron hasta aquí.

La última semana de febrero, aunque Quintana no sea un lugar de paso muy habitual, se puede observar alguna formación lineal en el cielo, a la vez que sus llamativas puntas de flecha, formas aerodinámicas que luchan contra la fuerza del viento o aprovechan las corrientes adecuadas para su destino. Después de varias semanas de vuelo, en un viaje que a veces supera los 2.500 kilómetros de distancia, llegarán a su destino en el norte de Europa.

(Las grullas en Villafáfila)

“Las grullas han sido, desde tiempos ancestrales, una fuente de fascinación, que ha despertado la curiosidad y la imaginación de la gente como queda evidenciado por la gran cantidad de obras de arte y literatura de diferentes periodos, culturas y países. La grulla representa la larga vida y es llamado “el pájaro de la felicidad”, por todo ello, cada vez se encuentra más extendida la costumbre de regalar grullas en cumpleaños y bodas.” (Gallocanta)

Carmen envía un comentario sobre un refrán recogido en Quintana que completa esta información:

“Ya lo dice el refrán que recogimos en Quintana:

Por San Matías, igualan las noches con los días, cantan las grullerías y riñen los tíos con las tías.

San Matías, según el antiguo calendario eclesiástico, fue el pasado 24 de febrero”

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Los temas carnavalescos me impidieron que esta entrada del blog se publicara en la fecha adecuada. El viernes 12 y el sábado 13 de febrero, al atardecer, subí a caminar por El Llano o páramo de Cuesta Blanca, arreciaba un viento gélido, las temperaturas en estos dos días no han conseguido sobreponerse por encima de cero grados. Aún así, ambos días han sido soleados, pero era un sol engañoso. A pesar del sol brillante y de la tarde azul y clara, la helada se sentía a cada paso. Desde El Llano se contempla, abajo, en una pequeña vega, la ermita de San Juan (Gumiel de Mercado). Pocas veces se tiene la ocasión de contemplar este páramo en su letargo invernal. El paseo me ha llevado a escribir estas “reflexiones”.

Son las seis de la tarde, un sol brillante hiere mis pupilas e inunda de luces y de sombras las piedras de la ermita de San Juan. Pronto comenzarán a abrirse las cancelas de la noche, pero antes de que lleguen las sombras de la noche y se cubra de estrellas tu tejado con los hielos de la próxima madrugada te contemplo desde el frío y la luz del páramo esta tarde, rodeado de laderas pobladas por robles ateridos, sabinas y encinas. Por la llanura del páramo camino entre piedras y hierbas aromáticas: salvia, tomillo, lavanda. Al caminar, piso sobre ellas pero me niegan sus perfumes y esencias del verano. San Juan, abajo, en la vega de un diminuto arroyo, se rodea de nogales y chopos ateridos. Me inundan tus recuerdos del medievo, ¡debieron ser tan dulces aquellas tardes de los pobladores de este valle en los albores del eremitorio cercano!


Hace frío en esta tarde y con sus últimas luces retomo el camino de regreso. La tarde es gélida y el aire despiadado. A mis pies se levanta una perdiz solitaria. Desafiando al cierzo franquea las laderas de Carramonzón y se diluye entres unos matorros de carrasca.

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