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Posts Tagged ‘almárcigas. Cañizar’

Entre los árboles de mi jardín destacan dos almeces que con los años se van desarrollando y destacando entre la variedad de árboles y arbustos que conforman el entorno natural en el que me refugio. El almez no es un árbol autóctono ni habitual en estas tierras, pero la historia de estos dos almeces es singular. Llegaron a mi jardín desde Cañizar (Guadalajara), fue hace seis inviernos. En una agenda del año 2004 tengo anotado que el 16 de febrero planté los dos almeces. Unos amigos tuvieron que buscarlos una salida dentro del espacio reducido de su jardín, donde ya no tenían cabida, vegetativamente hablando, entre otros arbustos, árboles ornamentales y frutales. Pero la historia de estos dos almeces comienza algunos años antes: son “hijos” de uno de los árboles más simbólicos y emblemáticos del Jardín Botánico de Madrid.

Montse fue quien plantó directamente los almeces, en Cañizar, con semillas del Botánico. Ella me lo cuenta así:

Sí. Zan era pequeña, como tres o cuatro años. Fuimos al Botánico, había una exposición de algo; de setas, quizás. Y yo, que como bien sabes, soy robasemillas irreverente y confesa, fui recogiendo unas cuantas, de laureles y almeces, sobre todo. Recuerdo los cartelitos; algunos puestos en los árboles: “prohibido coger semillas”. Pero como las que yo recogí estaban todas en el suelo, me pareció entender que el cartelillo no iba con ellas…
No las planté enseguida, pero un día me dio la ventolera y las planté todas de un golpe.

El caso es que mucho tiempo después nació algo. Y aquello empezó a parecer un arbolillo. Y entonces me fui a buscar un libro sobre árboles. Por el color y la forma de las hojas, me pareció un almez. Pero ni idea de dónde había venido. Recuerda que al olmo lo trajo el viento.
Meses después encontré una nota en el desván en la que yo misma había escrito, pero ni me acordaba, que al lado de las canales había plantado semillas de almez.  También nacieron laureles. No sé qué tiene ese laurel, pero el arroz blanco sabe muchísimo mejor. Eso dice Zan, que es a quien le toca  salir al huerto.

Entre los árboles de mi jardín destacan dos almeces...

Pero mi relación con los almeces va más allá. Los descubrí en mi etapa por tierras de Toledo y se convirtieron en unos árboles simbólicos para mi vida. En mi recuerdo y memoria figuran los datos que dan título a esta entrada: “El almez y las almárcigas”. Ahora he tratado de buscar en diccionarios y guías el nombre de su fruto y no he encontrado por ningún lado el que desde aquella etapa en Toledo siempre había asociado con el almez: las almárcigas, así es como me dijo que se llamaban esos pequeños frutos el que por entonces era el alguacil del ayuntamiento de Cobisa (Toledo) y cuyo nombre ahora no recuerdo aunque sí su apodo coloquial y familiar “el Moreno”.

... y las almárcigas

El almez puede vivir hasta 600 años y alcanzar los 30 m de altura. El fruto, de forma redonda y del tamaño del guisante, es comestible. Florece en primavera y fructifica en otoño. El Real Jardín Botánico posee una de las mejores colecciones de almeces de Madrid. Los ejemplares centenarios como éste, datan de la primera época del Jardín.

Almez centenario del Jardín Botánico de Madrid

Su madera ha sido tradicionalmente utilizada para la fabricación de aperos de labranza y mangos de herramientas, es buena para quemar y fabricar carbón. Además, ha sido cultivado desde la Antigüedad clásica por sus características ornamentales, y desde el siglo XVIII es típico en jardines y parques. En la actualidad, se sigue usando en plazas y paseos como árbol de sombra, por su monumentalidad y belleza.

(EL ALMEZ: Datos técnicos)

Actualizo este post con los datos que aporta un comentarista de esta entrada “jotace”. como indica en su comentario y en el enlace:

En un pueblo llamado Jarafuel aún subsiste una pequeña economía con base en este árbol

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